Hace años, un amigo de Alcohólicos Anónimos (A.A.) me habló de los Doce Pasos y me recomendó que acudiera a Al-Anon. Se dio cuenta de lo mal que estaba y entendió por qué. Yo solo sabía que vivía sumido en la ira y la desesperación. No sabía que estaba gravemente enfermo.

Al leer los Doce Pasos, me quedé al instante atónito, ya que expresaban una forma de vida tan diferente de la que había llevado hasta ese momento, a mis 46 años. En aquel momento, temía por mi vida, pero creía que, si aprendía a vivir de acuerdo con esos Pasos, mi vida se salvaría. Entonces no me daba cuenta de que el alcoholismo formaba parte de mi vida. Más tarde descubrí que había estado rodeado de él desde que nací. 

Al principio, lo que la gente decía en las reuniones me resultaba ajeno, pero al cabo de un tiempo empecé a identificarme con ello. Con el tiempo, me quedó claro que había adoptado muchos defectos de carácter como forma de afrontar la vida. La mayoría, si no todos, de esos defectos se traducían en enfado, que luego se había convertido en ira. Seguí asistiendo a las reuniones aunque el autoconocimiento llegara poco a poco y, a menudo, de forma dolorosa.

Con el tiempo, mi forma de pensar paralizante fue sustituida por lo que yo llamo «la forma de pensar de Al-Anon». Me encontraba en el largo camino hacia la serenidad, aunque al principio no lo sabía. Mi persistencia ciega y obstinada acabó por llevarme a la serenidad, aunque me llevó bastantes años. El tiempo y el esfuerzo dedicados a Al-Anon han merecido mucho la pena. 

Por Bruce S., Minnesota

The Forum, marzo de 2024

 

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