No fue fácil aprender a cuidar de mí misma cuando empecé a asistir a las reuniones de Al-Anon. Al principio derramé muchas lágrimas. Estaba débil mental y físicamente, y a veces pensaba que no era posible tener una vida mejor. Solo quería rendirme, dejar de existir.

Pero Al-Anon fue un factor importante en mi trabajo para mejorar como persona. Asistí a las reuniones durante cuatro meses antes de compartir abiertamente. Asustada y temblando, me abrí y hablé, y eso comenzó a ocurrir cada vez con más frecuencia. Conseguí un padrino, que fue lo que más me ayudó a mejorar, a aprender a desapegarme con amor y a empezar a reconstruir mi vida. Mi padrino ha estado ahí, sin importar la hora del día, y ha sido cariñoso, sincero, honesto, atento y sin juzgarme.

Presto servicio en mi grupo, pero también he tenido que aprender a no comprometerme en exceso. Está bien decir que no y no sentirse culpable. Sigo animando a los nuevos asistentes y mostrándoles que la recuperación es posible. Se necesita un corazón y una mente abiertos y dispuestos, y mucha paciencia. «Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para reconocer la diferencia».

Por Jeffrey C., Florida

 El Foro, septiembre de 2023

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