La primera vez que oí hablar de Al-Anon fue mientras estaba en el hospital. Una trabajadora social maravillosa me dijo: «No es culpa tuya. Tú no lo has provocado». En aquel momento, la verdad es que no sabía de qué me estaba hablando. Estaba sumida en una espesa niebla de dolor y no veía cómo salir de allí. Sus palabras me llevaron a mi primera reunión de Al-Anon.

R. R. G., California