Era mi primera reunión de Al-Anon. Tenía miedo porque no conocía a nadie. Me aterrorizaba que alguien me reconociera. No dije ni una palabra durante toda la reunión.

Solo tengo un recuerdo de aquella primera reunión. Tras una avalancha continua de insultos por parte del alcohólico, que me culpaba de su adicción a la bebida, escuché estas palabras: «Tú no eres la causa de su adicción, no puedes controlarla y no puedes curarla». Esas palabras se convirtieron en mi mantra. Una y otra vez, con cada repetición, me sentía cada vez más ligera. Sentía que estaba liberándome del peso de mi mundo.

De camino a casa, necesitaba parar en la tienda de comestibles, mi excusa «de tapadera» para salir esa noche. Mientras agarraba el asa del carrito de la compra, tuve una visión de mí misma flotando sobre el pasillo. Sentí como si ese agarre fuera lo único que me impedía flotar y alejarme. ¡Había encontrado la esperanza! Sabía que volvería a Al-Anon.

Por Ellen V., Arkansas

El Foro, enero de 2024

 

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