Antes de llegar a Alateen, pensaba que cuidar de mí misma era egoísta. Cada vez que despertaba a mi padre para poder llegar a tiempo al colegio, pensaba que estaba siendo egoísta. Recordarle que teníamos que cenar era ser egoísta. E incluso pedir que se cubrieran mis necesidades básicas me parecía egoísta. A medida que mi situación familiar empeoraba, mi necesidad de acudir a Alateen aumentaba. Cuando tuve que dejar de hablar con mi padre, lo consideré una forma de cuidarme. Cuando tuve que ignorar sus mensajes, lo vi como una forma de cuidarme. Cuando volví en mis propios términos, fue por cuidarme. Gracias a Alateen, he aprendido que mis necesidades no son egoístas si me ayudan a mantener mi seguridad y mi cordura.

Por Sienna, Missouri

Al-Anon: El alcoholismo, 2020