Empecé a asistir a las reuniones de Al-Anon en un intento desesperado por aprender cómo ayudar a mi hermano a recuperar la sobriedad. Mi vida era ingobernable, ya que no sabía cómo conseguir que buscara ayuda y me sentía impotente ante el control que el alcohol ejercía sobre él.

En esa primera reunión, escuché la frase «enfermedad familiar» y las piezas de mi propia vida comenzaron a encajar. Me crié, junto con mi hermana y mi hermano, en una familia alcohólica. Muchas cosas comenzaron a tener sentido. Diría que ni yo ni mis hermanos hemos tenido una relación sana con el alcohol, y ahora mi hermano padece la enfermedad.

Ahora me doy cuenta de lo mucho que esta enfermedad ha afectado a mi vida. La falta de confianza, el aislamiento, el retraimiento, el miedo a expresarme y el carácter competitivo son solo algunos de los rasgos que pueden explicarse, al menos en parte, por mi infancia marcada por el alcoholismo. Hoy en día, no culpo a mi padre por ello, porque eso no cambia nada. Soy la persona que soy hoy, y reconocer que la enfermedad familiar del alcoholismo contribuyó a ello me aporta cierta paz.

Al principio me atrajo Al-Anon para descubrir cómo ayudar a mi hermano, pero «sigo volviendo» para ayudarme a mí mismo.

Por Russ B.

El Foro, enero de 2025

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