De pequeña, el alcoholismo en mi familia se mantenía en secreto. Mis dos padres eran alcohólicos, aunque eso no quiere decir que no fueran unos padres estupendos. Tengo muchos recuerdos de acurrucarme con ellos después de volver de jugar en la nieve y de celebrar fiestas de baile en el sótano. Desde que era un bebé, mi padre ya bebía sin control. A veces, tenía períodos de sobriedad. Uno de ellos duró cuatro años.

En segundo de primaria, tuve una profesora que era una mujer fuerte y cariñosa. Cuando se enteró de mi situación familiar —mi padre había perdido el trabajo y mi madre había puesto fin a su relación—, me tranquilizó y me dijo que todo y todos estaríamos bien. Solía decir: «Un día a la vez». A esa edad, no sabía lo que eso significaba. La admiraba mucho y espero que esté velando por mí para ver lo mucho que he crecido.

Mi madre me decía que vigilara lo que bebía mi padre, que me fijara en cuándo se enfadaba y que nunca le contara a nadie si había perdido el trabajo o si iba a ingresar en rehabilitación. Esa era la vergüenza y el secretismo que conllevaba vivir con un alcohólico. Mientras mi padre entraba y salía de rehabilitación, mi madre bebía igual de mucho, pero toda la atención se centraba siempre en mi padre.

El verano anterior a mi primer curso de secundaria, empecé en Alateen. Era un lugar donde me sentía bienvenida. Antes de Alateen, me guardaba todas mis emociones para mí, convencida de que nadie podía entender mi situación. Llevo ya un año en este programa y sigo aprendiendo. Todavía me cuesta separarme con amor, pero con la ayuda del miembro de Al-Anon implicado en el servicio de Alateen (AMIAS) que apoya a mi grupo, poco a poco lo voy consiguiendo.

Desde entonces, mi padre ha perdido su trabajo, su casa y todo su dinero. He cortado toda relación con él por culpa de la ira y el resentimiento. Mi madre lleva ya cinco años sobria. Un miembro de Alateen me dijo: «Céntrate simplemente en “un día a la vez”». Eso se me ha quedado grabado. «Un día a la vez» me ayuda a recordar que no estoy sola y a centrarme en lo que puedo hacer hoy. No puedo predecir lo que hará el alcohólico; solo puedo controlarme a mí misma y lo que quiero hacer.

Sigo queriendo a mi padre. Sé que está enfermo. Él no eligió afectarme con su problema con la bebida, y mi madre tampoco. El alcoholismo es duro, pero siempre tendré esperanza. Alateen me ha ayudado a ver que hay un futuro. No puedo controlar ni el pasado ni el futuro, así que vivo el presente. Espero que los alcohólicos de mi entorno dejen de beber y tengan una vida maravillosa. Espero que otros chicos en mi misma situación descubran Alateen.

Por Lucy

The Forum, julio de 2026

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