Al haber crecido en un entorno de alcoholismo, aprendí muy pronto que no era seguro hablar con franqueza y sinceridad, ni confiar en lo que la gente me decía. Para sobrevivir, me cerré en mí misma e ignoré o negué mis sentimientos. En esas circunstancias, no es de extrañar que, cuando descubrí Al-Anon, tuviera serios problemas para dejar que nadie conociera mi verdadero yo. Al final, ¡ni siquiera quería saber quién era yo, por eso me centraba tanto en todos los que me rodeaban!

Mis dificultades con la intimidad no desaparecieron por arte de magia en Al-Anon, pero el programa sin duda me hizo más consciente de lo poco conectada que me sentía con los demás. Todos los aspectos de nuestra comunidad me ayudaron a empezar a aprender a hablar, a confiar y a sentir. Aunque nadie me obligaba a hablar en las reuniones, me animaban con delicadeza a abrirme a ellos. Por primera vez en mi vida, sentí que había personas que querían escucharme. A medida que me abrían sus corazones y compartían con intimidad detalles de sus propias vidas, tanto en las reuniones como en conversaciones individuales, empecé a confiar en ellos. Mi progreso fue lento (a veces hasta dolorosamente lento), pero a medida que poco a poco iba revelando más de mí misma y nadie en las reuniones me criticaba ni me rechazaba por ello, mi confianza fue creciendo. Me llevó un poco más de tiempo sentir mis propios sentimientos, pero al escuchar a los demás compartir los suyos, empecé a identificarme con ellos.

Una de las principales razones por las que Al-Anon aumenta mi capacidad para establecer relaciones íntimas es que no lo hago en el vacío, ni —como en el caso de mi infancia— en un entorno en el que se desalentaba o se ridiculizaba la intimidad. Todos los demás también están aprendiendo a establecer relaciones íntimas. Todos nos encontramos en diferentes etapas de crecimiento, pero eso es una ventaja. Los que están más avanzados me dan esperanza. Los que acaban de empezar el proceso me recuerdan lo lejos que he llegado y me dan la oportunidad de transmitirles el ánimo que yo ya he recibido.

Mi camino hacia la intimidad puede que tenga sus altibajos, pero al poner en práctica el lema «Progreso, no perfección», hoy valoro lo conectada que me siento con el mundo en el que vivo y con las personas que me rodean. ¡Es mucho mejor de lo que jamás hubiera imaginado!

Por Tom C.

The Forum, febrero de 2026

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