Aprendí la importancia de utilizar nuestros principios espirituales en todos los aspectos de mi programa a través de mi propio camino hacia la recuperación. Cuando era una nueva representante de grupo, asistí a mi primera Asamblea y no me sentí bien con lo que vi o sentí en esas salas. No recuerdo los temas o asuntos que se debatieron, pero lo que ocurrió no reflejaba el programa de Al-Anon que yo había experimentado hasta ese momento. Decidí que en el futuro necesitaría practicar mi programa de Al-Anon en un entorno seguro para poder seguir siendo miembro. Participé en muchos servicios en Al-Anon, pero no volví a asistir a otra Asamblea durante muchos años. 

Hoy, creo que he crecido y evolucionado al igual que Al-Anon ha crecido y evolucionado. En su discurso de bienvenida a la Conferencia Mundial de Servicio de 1983, Lois W. dijo: «Al-Anon es un programa de amor». Todos compartimos la responsabilidad de asegurarnos de que nuestro programa de ayuda y esperanza esté disponible para cualquier persona que sufra los efectos de la enfermedad familiar del alcoholismo. Cuando practico nuestros principios espirituales en todos mis asuntos, ayudo a crear ese lugar seguro que anima a las personas a estar dispuestas a asumir el papel de servidores de confianza. Ahora, cuando entro en cualquier reunión de Al-Anon, trato de recordar las palabras que Annie S. pronunció cuando recibió a las esposas de aquellos primeros alcohólicos en su puerta: «Entra, querida. Ahora estás entre amigos, amigos que te comprenden» (Al-Anon entonces y ahora, una breve historia [AR-2], página 2). Qué bendición es reunirnos con nuestros miembros de todo el mundo y compartir el amor y el crecimiento que encontramos en Al-Anon a través de la práctica de nuestros principios espirituales. 

Por Gail G., Fideicomisaria, Columbia Británica

El Foro, febrero de 2019