Me hace sentir bien poder recordar mi primera reunión de Al-Anon y ver lo lejos que he llegado.
Cuando mi hijo estaba en un centro de rehabilitación, sentí un gran alivio al saber que padecía una enfermedad. En cuanto lo supe, mi mente y mi corazón se abrieron a la posibilidad de la esperanza y de un futuro más prometedor. Fue una noticia que me llenó de alegría saber que yo no era la causa de su alcoholismo, que no puedo curarlo y que no puedo controlarlo. Alguien me dio el libro de lectura diaria «Un día a la vez en Al-Anon» ( B-6) y un horario de reuniones, y me animó a asistir a más reuniones.
Eso es exactamente lo que hice, y es lo que sigo haciendo con el apoyo de quienes me precedieron. Estos miembros siguen entregándose al ofrecer su amor incondicional y compartir su propia experiencia, fortaleza y esperanza. Ahora me toca a mí compartir mi propia experiencia, fortaleza y esperanza, y dar la bienvenida a los recién llegados que cruzan las puertas de Al-Anon.
Por Julie B., Florida
Al-Anon: El alcoholismo, 2020
Mi hijo, de 23 años, había empezado a beber en exceso en la universidad y tuvo un par de incidentes que hicieron que lo llevaran a urgencias; acudió a un psicólogo cada vez y empezó a ir a reuniones de Alcohólicos Anónimos, aunque no ha dejado de beber. Tiene un buen trabajo que le encanta, así que nos alegraba que se estuviera estabilizando con su consumo. Hace un par de meses, de repente, dejó de comunicarse con su padre y conmigo. Echo de menos a mi hijo y a su simpático beagle, que solía visitarnos los fines de semana durante una hora… Leer más »