Cuando una mamá águila construye su nido, elige como materiales básicos ramas gruesas y espinas puntiagudas. Luego recubre su nido con capas de plumas, pieles y musgo para que sea cómodo y seguro para sus huevos y, posteriormente, para sus aguiluchos. Con el paso del tiempo, a medida que las crías crecen, comienza a retirar las capas mullidas, exponiendo a los aguiluchos a las espinas puntiagudas. El nido se vuelve tan incómodo que los aguiluchos se cansan y están listos para volar con sus propias alas. La mamá águila sabe instintivamente que cuanto más cómodo sea el nido, más tiempo se quedarán los aguiluchos y no saldrán solos.
En el programa Al-Anon, aprendí que cuanto más me esforzaba por proteger a mi ser querido e intentar resolver los problemas, más acogedor hacía el «nido». Al final, con mi complicidad, solo empeoraba la situación a largo plazo. No le daba a mi ser querido la dignidad de encontrar su recuperación. Al mismo tiempo, sentía cierto consuelo al intentar protegerlo y controlarlo. No hace falta decir que ese consuelo me proporcionaba una falsa sensación de realidad.
Con el tiempo, gracias a mi recuperación en Al-Anon, me di cuenta de muchas cosas. Comprendí que yo no había causado, no podía controlar y no podía curar la enfermedad del alcoholismo. Sin embargo, podía contribuir a ella a través de mi complicidad alimentada por el amor y el miedo. Comprendí la importancia del Primer Paso: que soy impotente ante la enfermedad del alcoholismo, al igual que lo soy ante las personas, los lugares, las cosas y las situaciones.
Una vez que dejé el campo libre a mi ser querido, pude concentrarme más en mí mismo y menos en él, lo que le permitió asumir la responsabilidad de sí mismo cuando estuvo dispuesto y fue capaz. Al igual que la mamá águila, comprendí que mi ser querido debía avanzar por sí mismo, y me preparé para separarme de él con amor.
Por Mike S., Florida
El Foro, enero de 2024
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