Hace varios años, mi hermana me pidió que la llevara a una reunión de Alcohólicos Anónimos. ¡Qué sorpresa! Ni hablar. ¿Y si alguien me veía? No, yo no, nunca. Tenía un buen trabajo en una de las 500 empresas de la revista Fortune.

Aprendí que la política de la empresa era despedir, como último recurso, a cualquier persona con un problema de consumo de alcohol. El reglamento estipulaba que los empleados debían buscar la rehabilitación a través de un programa de Doce Pasos. El hecho de conocer la política me dio un valor que no creía tener. La primera reunión a la que acompañé a mi hermana me impactó, ya que fue completamente diferente a lo que esperaba. En mi segunda reunión con otro grupo, tuve la misma experiencia: amor atento, tranquilizador y sereno.

El hecho de conocer la política me dio un valor que no creía tener. La primera reunión a la que acompañé a mi hermana me impactó, era completamente diferente de lo que esperaba. En mi segunda reunión con otro grupo, tuve la misma experiencia: amor atento, tranquilizador y sereno.

Les pregunté a los miembros de A.A. cómo podía yo también llegar a ese punto. Eso era lo que quería. Eso era lo que necesitaba. Su respuesta fue: «Con Al-Anon. Es la sala de al lado».

Estaba convencido de haber causado el problema de alcoholismo de mi hermana porque solía burlarme de ella hasta hacerla llorar.

Las reuniones de Al-Anon eran acogedoras, cariñosas, atentas, sencillamente maravillosas. Mi esposa asistía a dos reuniones por semana y le gustaban tanto que ella y algunas de sus amigas de Al-Anon formaron un grupo que se reunía en nuestra casa durante el día.

El progreso, una mudanza y, finalmente, la prolongada enfermedad seguida del fallecimiento prematuro de mi esposa, me llevaron a alejarme del programa. Aunque no asistía a las reuniones, creo que la fuerza que adquirí en Al-Anon me mantuvo con vida durante un período muy difícil, pero a la vez muy hermoso, de mi vida.

Después de muchos años, he vuelto a Al-Anon. Quizás no sea muy hablador porque me avergüenza no haber asistido a las reuniones durante tanto tiempo, pero me gusta estar aquí. Por ahora, solo quiero devolver lo que he recibido escuchando, escuchando de verdad y aprendiendo. Cuando encuentre el valor, compartiré lo que me ha ayudado.

Por Stan B., Nuevo México