«Esta gente es igual que yo».
En mis primeras reuniones de Al-Anon, estaba enfadada. Me habían obligado por orden judicial a asistir y pensaba que no tenía por qué ir. Me sentaba en las reuniones con los brazos cruzados sobre el pecho, pensando: «¿Qué tienen esta gente en común conmigo?».
Entonces leímos en voz alta Cómo funciona Al-Anon para familiares y amigos de alcohólicos (B-32). Me incorporé en la silla, descruzé los brazos y escuché por primera vez. «Perdemos la capacidad de decir que no», oí. Eso fue lo que me convenció. Esta gente es igual que yo. Entienden mis dificultades.
Ahora, espero con ilusión las reuniones. Esas personas que antes eran desconocidas para mí, incluso los recién llegados, son ahora mis amigos.

Misty C., California