Cuando asistí a mi primera reunión de Al-Anon, me encontraba en un estado de desesperación, buscando una manera de «arreglar» a mi hijo, el alcohólico. No conocía a nadie en esa reunión. Sin embargo, algunos miembros me dieron una cálida bienvenida, se aseguraron de que tuviera un asiento y me prestaron un libro.
El grupo leyó un mensaje de bienvenida y luego los miembros compartieron sus experiencias personales, su fortaleza y su esperanza. No puedo expresarles lo mucho que me reconfortaron las historias que me contaron sobre cómo se habían liberado de la misma vida tumultuosa en la que yo estaba atrapado.
Aunque llegué pensando que el alcoholismo era el problema de mi hijo, me fui con un nuevo respeto por el poder que el alcoholismo tiene sobre los amigos y las familias. Fue un verdadero alivio obtener permiso para ocuparme de mi propia recuperación y dejar que mi hijo se ocupara de la suya. Por supuesto, siempre lo amaré y quiero ayudarlo. No ha sido fácil poner fin a mi comportamiento autoritario y controlador. Pero la lectura diaria de la documentación de Al-Anon, las conversaciones con los miembros y, sobre todo, las reuniones me han permitido mantenerme centrado en mi camino personal hacia la serenidad.
Anónimo
El Foro, febrero de 2021