Cuando llegué por primera vez a Al-Anon, me sentía destrozada por los años que había pasado viviendo con mi marido alcohólico. No crecí en una familia en la que hubiera alcohol. Cuando me casé con mi marido, me di cuenta de que él procedía de una familia alcohólica, y pensé que tendría que imitar a mi suegra para que esa dinámica funcionara. Tras años intentando controlar al alcohólico y de estar enfadada, desanimada y sintiéndome culpable, acudí a terapia. El terapeuta me sugirió que fuera a Al-Anon. Me dijo: «Ellos pueden ayudarte».

Cuando fui a mi primera reunión, esperaba que todos compartieran cómo conseguir que él dejara de beber. En cambio, me di cuenta de que debía centrarme en mí misma. Yo era la que necesitaba ayuda. Mi dolor podía sanar.

Empecé a utilizar el lema «Suelta las riendas y entrégaselas a Dios». A medida que iba dejando atrás la ira que mi marido dirigía hacia mí, empecé a sentir menos dolor. Ya no cargaba con su culpa, su justificación ni su ira. Poco a poco empecé a sanar. ¡Me centré más en mí misma! Empecé a renovar mi relación con Dios. Sentí que me resultaba más fácil dejar ir mi propia culpa. Mi relación con mi familia mejoró y empecé a participar más en la vida. Me sentí más empoderada.

Al trabajar los Pasos, asistir a las reuniones, trabajar con una Madrina y leer a diario, la sanación ha comenzado. Una vez leí una frase que me llegó al alma: «Sanar no significa que el daño nunca haya existido. Significa que el daño ya no controla nuestras vidas». Aunque sigo dependiendo de las reuniones de Al-Anon, de mis lecturas diarias y del apoyo de mi madrina, he notado que el daño que antes controlaba mi vida ya no me abruma.

Por Anónimo

The Forum, noviembre de 2025

Puede volver a imprimir este artículo en la página web de su rama de servicio o en su boletínín, junto con la siguiente nota de reconocimiento: Reimpreso con permiso deThe Forum, Al-Anon Family Group Headquarters, Inc., Virginia Beach, Virginia, EE. UU.