Antes de llegar a Al-Anon, pensaba que sabía escuchar muy bien y que tenía la respuesta a todo. A menudo daba consejos y expresaba mis opiniones, incluso cuando nadie me lo pedía. Lo hacía sobre todo con mi marido, que es el alcohólico de mi vida, pero también se extendía a mis hijastros, compañeros de trabajo y prácticamente cualquier otra persona con la que me cruzara.
Entonces, por fin, llegué al programa. Una mañana, después de hacerle un comentario a mi hijastra sobre su ropa, mi marido se enfrentó a mí, furioso por mi actitud. Desorientada, llamé a mi madrina para hablar de la situación. Después de contarle lo que había pasado, me preguntó: «¿Te pidió tu hijastra tu opinión?». Le respondí: «No». Ella me explicó con delicadeza que la próxima vez podría intentar abstenerme de dar mi opinión a menos que me la pidieran. Han pasado dos años desde aquel incidente y he aprendido que, si espero y escucho lo que me dicen, oiré mucho más de lo que jamás podría imaginar.
Por Vicki M.
The Forum, diciembre de 2025
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