«Al-Anon me salvó la vida».

Durante años asistí de forma intermitente a las reuniones de Al-Anon. Rara vez veía a otros hombres allí, lo cual era difícil. Pero durante una hora sabía que me sentía seguro y cómodo. Me llevó un tiempo darme cuenta. Cuando empecé a asistir a las reuniones de Al-Anon de forma regular, me estaba curando y haciendo cambios positivos en mi vida y en la de mis hijos. Aprendí a abrir los oídos y cerrar la boca. Pronto encontré reuniones en las que también había más hombres. Encontré apoyo dentro y fuera de las salas de Al-Anon. Con el tiempo, aprendí a compartir también mis ideas. Ahora, incluso asisto ocasionalmente a reuniones solo para hombres. Al-Anon me salvó la vida. Hoy en día, me propongo acercarme a los hombres recién llegados y decirles que «sigan viniendo». Quiero que todos los recién llegados sepan que tanto hombres como mujeres están aquí para apoyarlos.

Dov L., Florida