Cuando echo la vista atrás a mis decisiones pasadas, puedo decir con toda sinceridad que dediqué más tiempo a intentar arreglar a los demás que a trabajar en mí misma. Probablemente lo hice porque no quería enfrentarme a mis defectos. No sabía que tuviera ninguno. Quizá fue la negación lo que me ayudó a sobrellevarlo. Desviaba la atención. En mi infancia, no se hablaba de los sentimientos y la autorreflexión no formaba parte de la vida. Simplemente «te las apañabas». Mamá y yo vivíamos de la ayuda social, así que no parecía haber muchas opciones; cambiábamos los muebles de sitio para que pareciera que todo era nuevo. ¡Tachán! Una nueva perspectiva.
En cierto modo tuve éxito, pero emocionalmente no era madura. Algunos días sigo haciendo lo mismo y esperando resultados diferentes. Reacciono de forma impulsiva, buscando una solución inmediata o, a veces, compasión. No me gusta quedarme con mis pensamientos o emociones durante demasiado tiempo. Quizá solo pueda afrontarlos poco a poco. Pero si pienso antes de actuar, puedo aprovechar esa pausa para tomar mejores decisiones, lo que me ayudará a sentirme mejor a largo plazo. Quizá no tenga que forzar el éxito ni siquiera la cordura. Quizá solo tenga que confiar en que mi Poder Superior se encargará de lo que sea cuando le pida ayuda para tomar decisiones más saludables.
Tengo la opción de actuar de otra manera y, por lo tanto, estar sana y en plenitud. Gracias a Al-Anon por enseñarme que, de hecho, dejar de lado mi necesidad de control puede aportarme paz.
Por Heidi H.
The Forum, junio de 2026
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