En un ataque de ira provocado por el alcohol, mi marido me apuntó con la pistola. Estaba muy angustiada. ¿Qué me pasaría la próxima vez? ¡Tenía mucho miedo! Cuando se desmayó, hice la maleta y me fui. Les conté a mis padres lo que había pasado y les pregunté si podía ir a visitarlos el fin de semana siguiente. Me dijeron que sí. Mi madre concertó una cita con su pastor.
Nos reunimos con él el sábado por la tarde. Él escuchó con atención y paciencia mientras yo le contaba historias sobre el desastre más reciente y los últimos seis años de borracheras, dolor y decepción. Mi madre estaba muy triste porque yo había estado viviendo en esas condiciones.
El ministro sacó una carta que había recibido de una de sus feligresas y nos la leyó. Era una carta llena de gratitud porque la mujer había estado desesperada como yo, y el ministro le había recomendado que probara Al-Anon, ¡y lo hizo! La mujer describía cómo había encontrado esperanza y respuestas reales sobre cómo lidiar con un alcohólico. Su problema había sido su obsesión con el comportamiento del alcohólico. Su vida había mejorado mucho gracias a todo lo que había aprendido en Al-Anon. Explicó que ella no era la causa de la adicción al alcohol, que no podía controlarla y que no podía curarla. Estaba muy agradecida de que el ministro le hubiera recomendado Al-Anon porque su vida había vuelto a ser suya, y no del alcohólico.
Me sorprendió la transformación de esa mujer. Me identifiqué completamente con su historia de desesperanza. Le prometí al ministro que llamaría a Al-Anon tan pronto como pudiera. ¿Había esperanza para mí también? Le di las gracias al ministro y mi madre y yo nos marchamos.
El lunes siguiente llamé a Al-Anon y asistí a mi primera reunión esa noche. El tema era «responsabilidad». ¡Yo había asumido toda la responsabilidad! Recordé la nueva idea que había leído en la carta de aquella mujer: no puedo controlar al alcohólico. Toda la sala llena de gente en aquella reunión compartió cómo estaban aprendiendo a renunciar al control y a asumir solo sus propias responsabilidades. ¡Para mí fue una información revolucionaria! El grupo me invitó a coger un ejemplar de cada uno de los folletos de su mesa de literatura. También compré el libro El dilema del matrimonio alcohólico ( B-4).
Esa noche comencé leyendo los folletos «Si amas a un alcohólico » (P-14) y «Tres puntos de vista de Al-Anon: los alcohólicos hablan a la familia» ( P-15), y lloré porque me identifiqué mucho con ellos. También me identifiqué completamente con Alcoholismo, un tiovivo llamado negación (P-3). Al-Anon era el lugar adecuado para mí. Había, y hay, esperanza y ayuda para mí aquí en Al-Anon. Siempre estaré agradecida al ministro de mi madre por recomendarme Al-Anon. Me ha proporcionado un programa increíble y me ha convertido en una persona mucho más feliz y segura de mí misma.
Por Cathy C., Oregón
El Foro, junio de 2021
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Ahora soy el marido alcohólico que está en un centro de rehabilitación y no puedo sentir suficiente remordimiento por mi mujer, que está pasando por lo mismo.
Una disculpa sin acciones es solo manipulación.