Empecé en Al-Anon cuando tenía unos treinta años. Ahora tengo más de setenta. Mi forma de ver a mi ser querido alcohólico ha cambiado. Antes le echaba la culpa de todo. Si estaba de mal humor, era por su culpa. Estaba convencida de que él era quien me hacía sentir irritable e irracional. Entonces caí en la cuenta de por qué estaba tan enfadada con él: quería que él cumpliera todos y cada uno de mis sueños en la vida. Qué egoísta por mi parte, esperar que este hombre me diera el mundo.
En Al-Anon aprendí a no esperar que los demás me hicieran feliz. Me animaron a empezar por quererme a mí misma. Tenía que cuidarme y no esperar que los demás me dieran alegría. Empecé a hacer lo que me hacía feliz. Si decidía hacer manualidades, pues las hacía. Si quería ir a una clase de yoga, pues iba. Era mi elección. Cuidarme a mí misma es mi máxima prioridad. Nadie puede hacerme feliz, sentirme sola, enfadada o deprimida. Es mi elección si quiero sentir esas emociones.
Mi marido y yo empezamos a tener una mejor relación en cuanto llegué a la conclusión de que yo era la única responsable de mi felicidad. Estoy agradecida por haberme hecho miembro de Al-Anon y por haber seguido con este programa que me está ayudando. Somos mucho más felices desde que Al-Anon forma parte de mi vida.
Por Mary C.
The Forum, junio de 2025
No dudes en reproducir este artículo en la página web o en el boletín informativo de tu grupo de servicio, junto con la siguiente mención: Reproducido con permiso de The Forum, Al‑Anon Family Group Headquarters, Inc., Virginia Beach, Virginia, EE. UU.