Cuatro cosas que puedes hacer para ayudar a los niños y adolescentes que viven en una familia afectada por el alcoholismo

Según la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias (SAMSHA), uno de cada diez niños vive con al menos uno de sus progenitores que ha padecido un trastorno por consumo de alcohol durante el último año. Sis Wenger, presidenta y directora ejecutiva de la Asociación Nacional para los Hijos de Personas Adictas (NACoA), explica cómo es para los niños crecer en un entorno marcado por experiencias adversas en la infancia, debido a que viven en un hogar afectado por la adicción al alcohol o el consumo indebido de alcohol. También ofrece algunas ideas sobre cómo pueden ayudar los adultos que forman parte de sus vidas.

Alateen, que forma parte de Al-Anon Family Groups, ayuda a los adolescentes que se han visto afectados por la enfermedad familiar que es el alcoholismo. Se trata de un programa de doce pasos en el que los adolescentes se reúnen con otros jóvenes que también se han visto afectados por el alcoholismo o el trastorno por consumo de alcohol de otra persona.

Si trabajas con niños o conoces a algún niño que pueda beneficiarse del programa y deseas obtener más información al respecto, visita: https://www.al-anon.org/resources-for-professionals/alateen-information/

Si trabajas con niños o adolescentes que se han beneficiado de Alateen y te gustaría ayudarnos a dar a conocer mejor esta iniciativa, envíanos un mensaje a publicoutreach@al-anon.org para obtener información sobre cómo puedes participar en nuestras actividades de divulgación.

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Transcripción del vídeo

Cuatro cosas que puedes hacer para ayudar a los niños y adolescentes que viven en una familia afectada por el alcoholismo

Entrevistador:Según los servicios de salud mental y de tratamiento de adicciones, uno de cada cuatro niños de EE. UU. vive en una familia en la que uno de los padres es adicto al alcohol o a las drogas. ¿Cómo afecta a los niños y adolescentes el hecho de vivir en este tipo de entorno familiar?

Sis Wenger, presidenta y directora ejecutiva de la NACoA:Bueno, eso daría para una conferencia de una hora como mínimo. Es que… los niños que viven en este tipo de entorno, básicamente, viven cada día en un entorno de experiencias adversas en la infancia. Sufren el miedo a lo que la gente pueda oír, el miedo a que, cuando lleguen a casa, algo vaya mal: que su madre esté desmayada en el sofá y el bebé gateando por el suelo. Tienen miedo de que sus amigos se enteren de lo que ocurre en su casa, por lo que nunca los invitan a casa. Tienen miedo de salir con sus amigos después del colegio hasta que llegan a casa y comprueban si todo está lo suficientemente tranquilo. En otras palabras, cuando llegan a casa pueden descubrir si son un niño que puede hacer lo que hacen los niños después del colegio, o si tienen que actuar como adultos: limpiar la casa, ocuparse de todo y proteger a los niños. Es totalmente impredecible: el padre dirá que sale a recoger algo y no volverá a casa hasta el día siguiente. Al cabo de un tiempo, ya no están seguros de que el padre salga a hacer lo que dice, así que viven en este entorno en el que intentan ocuparse de todo. Siempre es impredecible, lo cual es muy duro para los niños; ven que para sus padres tomar decisiones sobre la bebida o lidiar con el alcoholismo o la drogadicción es más importante que ellos mismos. Se sienten olvidados y perdidos, y creen que quizá podrían hacer algo para arreglarlo, lo que les supone una carga enorme, independientemente de la edad que tengan. Y esa carga es muy estresante, y aun así no consiguen solucionar el problema, porque pueden tirar el alcohol, pueden limpiar la casa para que papá no se enfade cuando llegue a casa, pueden cubrir a mamá en las reuniones del AMPA, pero al final, hagan lo que hagan, no pueden solucionar el problema; este sigue empeorando, y se sienten como si fueran unos fracasados, y empiezan a preguntarse si es culpa suya. Y si creen que es culpa suya, o se esforzarán aún más o caerán en la depresión. Es un entorno terrible para que crezcan los niños: el caos constante, las críticas y la imprevisibilidad. Y luego están esos momentos gloriosos y maravillosos en los que todo va bien, lo que les hace creer que las cosas están mejorando. Y entonces, una vez más, las esperanzas se ven frustradas. Así pues, el caos y la imprevisibilidad son muy, muy difíciles de soportar para niños tan pequeños, incluso hasta bien entrada la adolescencia. Pero además de eso, sufren —de verdad, sufren un estrés tan intenso— que, en realidad, viven en un estado de estrés emocional crónico. Y sabemos ahora que el estrés emocional crónico altera el desarrollo del cerebro infantil; esto es algo que hemos aprendido en el estudio sobre experiencias adversas en la infancia realizado por los CDC y Kaiser Permanente. Que, desde la edad más temprana posible, cualquier estrés emocional crónico en el sistema familiar afecta al desarrollo cerebral del niño, ya sea un recién nacido o, de hecho, incluso en el útero si la madre está sometida a estrés constante, y eso puede afectar a su comportamiento, a su éxito y al sistema familiar.

Entrevistador:Retomando lo que nos has contado sobre los niños que crecen en hogares con problemas de alcoholismo y drogadicción, ¿qué medidas pueden tomar las personas para ayudar a estos niños a recuperarse de esa enfermedad familiar que es el alcoholismo y la adicción?

Sis Wenger, presidenta y directora ejecutiva de la NACoA:Si su familia va a la iglesia, la mayoría de las veces los pastores suelen dirigirse a los adultos y tratan a los niños de forma un poco condescendiente, pero se aseguran de llamarlos por su nombre —especificando quiénes son—, hacerles saber que sabes quiénes son e invitarlos a participar en las actividades de la iglesia. Diles que no los has visto, que los has echado de menos y que esperas que puedan venir; ¿necesitan que los lleven? En otras palabras, el clero y otras personas de la comunidad religiosa deberían hacer cosas para dar la bienvenida a estos niños, para decirles que se les necesita y que se les echa de menos, de modo que puedan sentirse importantes y también establecer vínculos con personas que tengan buenos valores. En lugar de algunos de los vínculos hacia los que podrían sentirse atraídos, sintiéndose deprimidos en el colegio. Lo mismo ocurre con los profesores: presta atención a lo que dicen y, si crees que el profesor comprende lo que ocurre en tu familia, cuéntale la verdad sobre por qué no has podido hacer los deberes. Los profesores deben —deben— hacer posible que los niños se expresen; no vamos a buscar a los hijos de alcohólicos, pero lo que tenemos que hacer es hacer posible que cada hijo de un alcohólico que esté sentado delante de nosotros comprenda que sabemos algo sobre la adicción, que sabemos algo sobre beber en exceso. Y pueden hacerlo a través de su forma de enseñar, contando historias que sean educativas; esas historias y esas lecciones son importantes para todos los niños de la clase. Porque si un niño tiene la suerte de no vivir en una familia que abusa del alcohol o las drogas, ese niño conoce a otros que sí lo hacen y puede ser un amigo especial; pero no dirá nada, los niños son como el resto de la sociedad: guardan los secretos.