El día más importante de mi vida fue aquel en el que entré en mi primera reunión de Alateen. Una semana antes, estaba esperando a mi orientadora en su despacho. Vi un folleto que contenía una serie de preguntas sobre el alcoholismo. Al final decía: «Si has respondido “sí” a alguna de estas preguntas, ¡Alateen es para ti!». Respondí «sí» a todas las preguntas y empecé un camino increíble hacia el autodescubrimiento y la serenidad.
La persona alcohólica en mi vida era la madre de mi hermanastra, que vino a vivir con mi familia debido a sus problemas personales. Nunca la vi borracha. Solo oía ronquidos fuertes y murmullos desde la habitación de al lado, y las historias que me contaba mi madre después de que le pidiéramos que se marchara. Lo único que veía era que o bien nunca dejaba de moverse, o bien nunca empezaba a moverse. Cuando mi hermanastra vivía con nosotros, se insultaban mutuamente.
Siempre sentí que era mi responsabilidad mediar en la situación porque era «madura». Era mi responsabilidad arreglar las cosas. Era mi responsabilidad ayudarles a llevarse bien, porque si no lo hacía yo, ¿quién lo haría? Nunca funcionó, pero lo intenté una y otra vez, con la esperanza de obtener un resultado diferente. En Alateen he aprendido que mi «misión» era, de hecho, la definición misma de la locura. El resultado final era que me sentía inútil. Siempre me centraba en ellos en lugar de en mí misma. Ni siquiera sabía cómo centrarme en mí misma.
Antes de descubrir Alateen, luchaba contra la depresión y la ansiedad. Había momentos en los que la situación se agravaba tanto que no era capaz de levantarme de la cama ni ir al colegio porque no paraba de llorar. No tenía amigos porque no era capaz de hablar con la gente. Durante el instituto y los primeros meses en la escuela de estética, era esa chica de aspecto menuda e inaccesible con una nube negra sobre la cabeza. Esa chica se sentaba sola en las mesas del comedor, rechazaba los proyectos en grupo y alejaba a la gente porque tenía miedo al rechazo.
Alateen es la experiencia más increíble y reveladora que he vivido jamás. La describe a la perfección uno de mis padrinos, que una vez dijo: «Es un lugar seguro donde descubrir quién eres en medio del caos». El programa no solo me ayudó a lidiar con el alcohólico, sino que todo lo que he aprendido se puede aplicar a mi vida cotidiana.
Aunque utilizo y valoro los lemas de Alateen, lo que más me caló fue lo que dijo otra miembro de Alateen: que no era su trabajo solucionar los problemas de los demás. Esa idea me cautivó. Recuerdo que me sorprendió de verdad darme cuenta de que no era mi trabajo arreglar al alcohólico. Aprendí a separarme de la situación del alcohólico. Aprendí a distanciarme con amor. Me di cuenta de que mi verdadero trabajo era cuidar de mí misma.
Mi depresión y mi ansiedad han remitido considerablemente, y he establecido vínculos auténticos con otros miembros de Alateen. Cada semana, me convierto en una persona mejor con solo asistir a mi reunión. No hay palabras para expresar lo agradecida que estoy a Alateen.