En mi primera reunión, estaba enfadada. Me habían obligado a asistir a las reuniones y pensaba que no las necesitaba. Asistí a mis primeras reuniones con los brazos cruzados, pensando: «¿Qué tienen estas personas en común conmigo?».

A continuación, leímos las páginas 28 y 29 de Cómo trabaja Al-Anon para las familias y amigos de los alcohólicos (FB-32). Me enderecé en la silla, descrucé los brazos y escuché por primera vez. «Perdemos la capacidad de decir «no». ¡Funcionó! Me di cuenta de que las personas que asistían a la reunión eran como yo. Realmente entendían mis dificultades. Ahora espero con impaciencia las reuniones. Esos desconocidos ahora son amigos... incluso los recién llegados.

Misty C., California

El Foro, mayo de 2021

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