El valor de ser yo mismo: vivir con el alcoholismo (B-23)
Solía sacar muy buenas notas en el colegio. De hecho, era uno de los alumnos más brillantes de mi clase. Me portaba bien y era popular. Siempre me codeaba con buena gente. Nunca me metí en ningún lío. La verdad es que me daba demasiado miedo meterme en líos.
Cuando salía del colegio, solía esperar en la esquina. Era el momento más duro del día. Esperaba a que mi madre viniera a recogerme, pero no sabía qué me esperaba.
En cuanto llegó, me di cuenta de que había estado bebiendo. Tenía la voz apagada. Estaba pálida. Desde el primer minuto que pasé con ella, supe cómo iba a ser el resto de la noche. Sabía que, cuando mi padre llegara a casa, se iba a pelear con ella. Discutiría, gritaría, vociferaría y luego se iría corriendo.
Pero una tarde mi madre no apareció en absoluto. Esperé todo lo que pude. No dejaba de imaginarme cómo estaría. Cuando no había bebido, solía estar sonriente, maquillada; incluso se veía guapa. Cuando estaba borracha, se mostraba fría, cansada, callada, demasiado callada.
No me podía creer que no fuera a aparecer en absoluto. Al final, decidí volver a casa andando. Era un buen trecho, y nunca lo había hecho antes, pero pensé que ya debía de tener la edad suficiente, porque para entonces llevaba bastante tiempo cuidando de mi hermana pequeña.
Llevaba bastante tiempo haciendo un montón de cosas, como cubrir a mi madre en casa. Ya sabes, hacía en casa las cosas que ella debería haber hecho. Nunca le conté a nadie lo de todas las botellas de alcohol que encontré en nuestra casa. Nunca le conté nada a nadie sobre mi familia, pero hacía todo lo que me mandaban. Obedecía a todos mis profesores, entrenadores y monitores de los scouts. Era como si sintiera que tenía que ser perfecta solo para evitar que pasaran cosas malas en casa.
Nunca le conté a nadie lo que pasó aquella noche en la que mi madre no vino a recogerme al colegio. Desde entonces he pensado que, si hubiera podido entrar en Alateen cuando era muy joven, quizá no habría tenido que guardarme todo eso dentro durante tanto tiempo.
Durante mucho, mucho tiempo no le conté a nadie lo de mi madre. Ojalá se lo hubiera contado a alguien, pero no sabía que a nadie le importara, hasta que por fin descubrí Alateen. Todo lo que necesitaba estaba allí esperándome.
Gracias a todos por dejarme hablar.
«El valor de ser yo mismo: vivir con el alcoholismo» ( B-23), págs. 35-36