Cuando pienso en mis primeras reuniones de Al-Anon, recuerdo lo mucho que me esforcé por cambiar a mi hijo adolescente, que se había vuelto adicto a las drogas y al alcohol. Recuerdo lo mucho que intenté «arreglarlo». Probé todo tipo de tácticas: manipulación, amenazas y control. De hecho, llegué a ser muy buena en eso, pero nada funcionó.
Al asistir a las reuniones de Al-Anon, aprendí que no puedo cambiar a otra persona. Solo puedo cambiarme a mí mismo. Fue entonces cuando comenzó la curación.
Mi hijo sufrió las consecuencias de su comportamiento: tratamiento, cárcel y tratamiento de nuevo, esta vez con éxito. Todo esto sucedió después de que dejara de intentar cambiarlo y me concentrara solo en cambiarme a mí misma.
Hace unos días, descubrí que mi nieto de 24 años bebe mucho. Le dije a mi hija que ella había hecho todo lo correcto. Ella le había ofrecido ayuda, pero que eso ya no era problema suyo, sino de su hijo, y que ella no podía cambiarlo. Antes de Al-Anon, me habría quedado destrozada al enterarme de lo de mi nieto, pero gracias a Al-Anon estoy bien.
Por Lee E., Minnesota
Foro marzo de 2015
Tengo una hija con problemas de salud mental, que se desquita conmigo. Sé que no se trata de alcohol, pero el principio es el mismo.
Tengo un nieto con un problema de alcohol y drogas. Tiene 23 años y a veces es abusivo. Queremos hablar con terapeutas sobre cómo abordar esta situación.