Cuando pienso en mis primeras reuniones de Al-Anon, recuerdo lo mucho que me esforcé por cambiar a mi hijo adolescente, que se había vuelto adicto a las drogas y al alcohol. Recuerdo lo mucho que intenté «arreglarlo». Probé todo tipo de tácticas: manipulación, amenazas y control. De hecho, llegué a ser muy buena en eso, pero nada funcionó.

Al asistir a las reuniones de Al-Anon, aprendí que no puedo cambiar a otra persona. Solo puedo cambiarme a mí mismo. Fue entonces cuando comenzó la curación.

Mi hijo sufrió las consecuencias de su comportamiento: tratamiento, cárcel y tratamiento de nuevo, esta vez con éxito. Todo esto sucedió después de que dejara de intentar cambiarlo y me concentrara solo en cambiarme a mí misma.

Hace unos días, descubrí que mi nieto de 24 años bebe mucho. Le dije a mi hija que ella había hecho todo lo correcto. Ella le había ofrecido ayuda, pero que eso ya no era problema suyo, sino de su hijo, y que ella no podía cambiarlo. Antes de Al-Anon, me habría quedado destrozada al enterarme de lo de mi nieto, pero gracias a Al-Anon estoy bien.

Por Lee E., Minnesota

Foro marzo de 2015