La adicción al alcohol puede tener efectos devastadores en las familias;
5 cosas que pueden hacer los cuidadores para ayudar.

En las familias en las que existe un trastorno por consumo de alcohol, toda la unidad familiar se ve afectada. Este daño comienza desde el nacimiento. Los niños nacen con una capacidad emocional bien desarrollada. Desde que nacen, los seres humanos pueden sentir muchas emociones. Uno de los primeros efectos que sufre un niño en un entorno alcohólico es una sensación de desconexión cuando recibe cuidados. No desarrollan un sentido de sí mismos ni de quiénes son en el mundo.

Desde pequeños, a los niños se les enseña que deben guardar los secretos familiares. Los adultos ocultan información a los niños y, cuando estos preguntan qué está pasando en casa, los adultos niegan la veracidad de lo que dicen. Esto provoca que el niño dude de sí mismo y tenga baja autoestima, y puede dar lugar a rabia y rebeldía en la adolescencia.

Este tipo de entorno marcado por la adicción al alcohol también da lugar a lo que se conoce como «síndrome de la cáscara de huevo». Dado que la persona con trastorno por consumo de alcohol no tolera la incomodidad, el resto de los miembros de la familia se muestran muy cautelosos para no provocar al alcohólico. En el cuidador, esta hiperactivación crónica eleva los niveles de hormonas del estrés. Esto resulta tan destructivo para sus órganos como lo es el alcohol para los de los alcohólicos. Además de la ansiedad, los familiares experimentan resentimiento e ira hacia la persona adicta por no asumir su responsabilidad en el seno de la familia.

Aunque este tipo de entorno plantea muchos retos, hay cosas que los cuidadores —el progenitor que no bebe y/o los abuelos— pueden hacer para mejorar el bienestar de los miembros de la familia. En primer lugar, deben cuidar de sí mismos. Su salud física y mental es fundamental para ser buenos padres. Si no atienden sus propias necesidades, no podrán cuidar de los demás.

Para los niños, puede resultar útil mantener una rutina, como una hora fija para acostarse. Las investigaciones han demostrado que la falta de sueño no solo hace que los niños estén irritables, sino que también les impide interactuar socialmente o hacer los deberes.

Los alcohólicos no pueden disfrutar ni sentir alegría sin esa sustancia química. Los cuidadores pueden ofrecer a los niños una experiencia alternativa que no incluya el alcohol. Después, pueden hablar con el niño sobre esa experiencia.

Los Grupos Familiares de Al-Anon, que incluyen a Alateen para adolescentes, ofrecen apoyo a cualquier persona afectada por el problema de alcoholismo de otra persona. *El noventa por ciento de los miembros afirma que su vida se ha visto muy positivamente influida por los Grupos Familiares de Al-Anon, y el cincuenta por ciento de los que reciben servicios profesionales y asisten a las reuniones de Al-Anon considera que, desde que acuden a Al-Anon, han observado una mejora en su tratamiento, asesoramiento o terapia.

*Encuesta sobre la afiliación a los grupos familiares de Al-Anon de 2021

Esta mesa redonda con profesionales se grabó en la Convención Internacional de Al-Anon celebrada en Baltimore, Maryland. Los profesionales entrevistados fueron:
Nancy Duff-Boehm, doctora, psicóloga clínica, Cleveland, Ohio, EE. UU.
Mintie Grienke, máster en Educación, consejera y psicoterapeuta, Winnipeg, Manitoba, Canadá
Ann McGreevy, máster, supervisora de Estudios Psicológicos en FCPS, Frederick, Maryland, EE. UU.
Hugh A. King Jr., doctor en Medicina, psiquiatra, Mandeville, Luisiana, EE. UU.

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Al-Anon colabora con terapeutas, asesores y otros profesionales, pero no respalda, se opone ni se afilia a ningún profesional, organización o entidad. Las opiniones aquí expresadas son exclusivamente las de la persona que las ha manifestado. Sus comentarios reflejan su experiencia profesional y el uso que hacen de Al-Anon como recurso para sus clientes y pacientes que se ven o se han visto afectados por la adicción al alcohol de otra persona.

Transcripción del vídeo

La adicción al alcohol puede tener efectos devastadores en las familias;
5 cosas que pueden hacer los cuidadores para ayudar.

Ann McGreevy, máster en Psicología y supervisora de Estudios Psicológicos en FCPS: Pregunta seis: sugerencias para padres, abuelos y cuidadores adultos que están criando a niños. Sin duda, que cuiden de sí mismos. Ya saben, si no estamos sanos, no estamos en condiciones de cuidar de otras personas, por lo que tampoco estamos en condiciones de cuidar de niños y adolescentes. Por eso, su propia salud mental y su propio apoyo son imprescindibles para ser buenos padres. Una vez más, hay que pensar en la constancia que necesita un niño, en las rutinas que necesita y en la seguridad que necesita para desarrollar las habilidades necesarias que le permitan tener éxito. Hay muchos estudios que hablan de la privación del sueño en los niños y de la falta de horarios fijos para acostarse; si los niños no duermen lo necesario, no están en condiciones de aprender ni de interactuar socialmente. Están irritables y les entra sueño durante las clases. Por eso, es necesario hacer hincapié en algunas de esas rutinas muy básicas con las personas que se ocupan de ellos.

Nancy Duff-Boehm, doctora en Psicología Clínica: Quiero abordar el tema del entorno familiar. Hay un par de cosas: una es el «síndrome de la cáscara de huevo», en el que todos los miembros del hogar de un alcohólico tienen que andar con mucho, mucho cuidado para no provocar una reacción en el alcohólico, quien, como hemos dicho antes, no tolera ningún tipo de incomodidad. Esto genera una hiperactivación —una hiperactivación crónica— en el resto de miembros del hogar y, además de la ansiedad, surge el resentimiento y la ira porque este adicto o alcohólico no asume su parte de responsabilidad en los asuntos familiares. Así pues, esto se convierte en un polvorín y, si ocurre algo, va a trastocar la vida de ese niño o de esa persona, y puede acabar en una reacción de ira. Por lo tanto, es el «síndrome de la cáscara de huevo» lo que conduce a una hiperactivación, una hiperactivación crónica, y también a los secretos familiares. Es muy típico en las familias alcohólicas que todo el mundo entienda que nada de esto debe salir de las cuatro paredes de la casa. Y esto… ya sabes que la forma en que lo hacen es, por supuesto, ocultando la información a los niños, pero, naturalmente, los niños se dan cuenta de todos modos y, cuando dicen algo, se les responde: «Oh, no, no, no, eso no es cierto». Lo cual lleva al niño a dudar de sí mismo, lo que conduce a una baja autoestima o a que se resienta profundamente con los padres, lo que a su vez provocará una reacción de rebelión adolescente descontrolada. Así pues, hay muchas cosas que se van acumulando, pero, en lo que respecta a la cuestión del entorno familiar, esta hiperactivación eleva los niveles de hormonas del estrés en el cuerpo de una persona, lo que acaba destruyendo tantos órganos tan rápidamente como lo hace el alcohol. Por eso, es una cuestión muy importante. Lo que recomiendo a los padres y abuelos —aunque esto realmente lleva mucho tiempo— es, por supuesto, ante todo: escuchar. Como he dicho, los alcohólicos son incapaces de tolerar emociones fuertes, por lo que es muy importante dar ejemplo de una expresión moderada de las emociones cada vez que los veáis, y ser capaces de hablar en un tono normal sobre cuestiones emocionales importantes. Es muy bueno señalarlo cuando veáis algo así en la televisión; las comedias de situación lo muestran constantemente, así que si estáis sentados viendo la tele, podéis comentarlo. Y luego está la otra cuestión: los alcohólicos no pueden experimentar diversión ni alegría sin la sustancia; pues bien, puedes ayudar al niño o al adolescente a experimentar alegría sin ella. Haced cosas divertidas todo el tiempo sin alcohol en vuestras vidas y luego hablad mucho de ello después.

Mintie Grienke, Máster en Educación, consejera y psicoterapeuta: Yo también quería volver a la pregunta número cinco, sobre el entorno, y creo que una de las formas más profundas en las que el individuo, el niño, se ve afectado es… Sabemos que, desde el nacimiento, en el desarrollo humano, nuestros bebés y niños pequeños nacen con una capacidad emocional bien desarrollada. Aunque el resto de sus capacidades físicas y mentales aún tienen años por delante en su desarrollo, emocionalmente ya son capaces de sentir muchas emociones desde el mismo momento del nacimiento. Por eso, uno de los primeros efectos del entorno alcohólico en el niño es una sensación de desconexión cuando no se le cuida de forma que se satisfagan sus necesidades. Por eso, no desarrollan un sentido del yo, de quiénes son en el mundo, de que pertenecen a él, y eso lo considero una gran pérdida.