La Oración de la Serenidad y las Tres C —yo no lo causé, no puedo controlarlo y no puedo curarlo— son partes importantes de mi recuperación. Cuando las escuché por primera vez en una reunión, sentí que me quitaban un gran peso de encima. Las tres C me recordaron que, cuando los alcohólicos de mi vida me decían que yo era la causa de su adicción, no tenía por qué asumir la culpa, limpiar su desastre o mentir por ellos. Esa fue mi primera toma de contacto con el mundo de las opciones.

Sin embargo, la segunda parte de la Oración de la Serenidad —«cambiar las cosas que puedo cambiar»— me recuerda que a veces suceden cosas que yo no he provocado, pero que aún así tengo que afrontar. Hace poco tuve un pinchazo. Por suerte, ocurrió en la entrada de mi casa, pero aun así me molestó. Yo no lo había causado, pero había que arreglarlo. Las tres C no me dan licencia para tirar la toalla o ignorar algo cuando debo tomar medidas. Junto con la Oración de la Serenidad, obtengo una perspectiva sobre lo que es y lo que no es mi responsabilidad.

Por Elaine, Rhode Island

El Foro, marzo de 2018