Creo que el alcoholismo es una enfermedad de la comunicación y una enfermedad de las relaciones. Cuando mi marido se ofreció a ayudarme con las tareas de la casa, no esperaba que se ofreciera a lavar la costosa equipación deportiva de mi hija. Me sentí incómoda. ¿Lo haría «correctamente» (es decir, a mi manera)? Yo siempre lavo a mano esas prendas. Quería decirle cómo hacerlo cuando, de repente, oí la voz de mi madrina en mi cabeza. Ella habría dicho: «Es un hombre adulto. Si quiere lavar la ropa de su hija y lo estropea, déjale». No le dije nada.
Pero, segundos después, cuando sacó su uniforme blanco y el rojo de la bolsa de deporte, volví a sentir una punzada de incomodidad. ¿Iba a separar los colores? Una vez más, no dije nada. En ese momento, decidí que si al final acabábamos con una chaqueta rosa en lugar de una blanca, en el peor de los casos él habría aprendido algo y tendríamos que reemplazar la chaqueta. Es mejor reemplazar la chaqueta que arriesgarse a dañar mi matrimonio con discusiones insignificantes. A nadie le gusta que le regañen. A nadie le gusta que alguien esté encima de él, asegurándose de que «actúa» correctamente. A mí, desde luego, no.
Cuando terminó de lavarlo y sacó toda la ropa de la lavadora, me quedé alucinada. «¡Oh! ¿Has lavado todo eso a la vez? ¿Y la chaqueta blanca no se ha vuelto rosa?», le pregunté.
«Ah, ya no fabrican colorante rojo que destiña», dijo. No me lo podía creer. Habría complicado mucho más de lo necesario esa colada. Al final, fui yo quien aprendió algo. Por fin, en Al-Anon he aprendido a dejar de dar la lata a la gente y a dejar de necesitar que todo se haga a mi manera. Quiero que la gente me quiera tal y como soy y, gracias a Al-Anon, puedo ofrecer a los demás lo que deseo para mí misma. Soy capaz de «vivir y dejar vivir».
Por Kimberly M-P.
The Forum, octubre de 2025
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Probé todos los métodos posibles para que mi marido dejara de beber, pero nada funcionó.
¡Gracias por compartir esto! Me identifico totalmente y estoy de acuerdo en que el alcoholismo es una enfermedad de la comunicación. La limpieza de la casa, la colada, la cocina, cocinar y, a veces, la «barbacoa» son mis tareas, y puedo llegar a ser mandona y tiendo a dar instrucciones sin que me las pidan. Aprendí una lección similar cuando mi marido, que está sobrio (llevamos juntos 16 años; él lleva 2 años sobrio), se ofreció a hacer las hamburguesas a la parrilla. A mí me gustan rosadas por dentro, así que me puse a dirigir el espectáculo. Todo salió mal y esa historia sigue siendo un tema delicado para nosotros. Mi hamburguesa quedó muy poco hecha, por desgracia, y me la comí en lugar de admitir… Leer más »
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